Fuente iglesiaactualidad
Abrazando la vida, construimos esperanza
Mensaje de los obispos
de la Subcomisión Episcopal
para la Familia y Defensa de la Vida
para la Jornada por la Vida
Martes, 25 de marzo de 2025
La celebración de la solemnidad de la Encarnación del Señor adquiere un relieve especial en el contexto del jubileo ordinario del año 2025, convocado por el papa Francisco, con el lema «Peregrinos de esperanza». Como cada año, la Iglesia que camina en España celebra en esta fecha, 25 de marzo, la Jornada por la Vida.
En la bula Spes non confundit, en la que el santo padre convocaba este año jubilar, nos propone descubrir los signos de esperanza, siguiendo el espíritu del Concilio Vaticano II, que nos recordaba que «es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio» [1]. Uno de estos signos de esperanza consiste en «tener una visión de la vida llena de entusiasmo para compartir con los demás» [2].
Esta visión esperanzada tiene mucho que ver con haber encontrado el sentido de la propia existencia. En medio de esta sociedad de ruidos y prisas, en la que se muestra como camino de felicidad la satisfacción de todos los deseos, resulta imprescindible invitar a una reflexión profunda que ayude a plantearse las preguntas más fundamentales: «¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?» [3].
Es cierto que son muchas las respuestas que pueden darse a estas preguntas, pero, como dice el gran santo de Hipona, «nos hiciste, Señor, para ti; y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» [4]. Verdaderamente el corazón humano está hecho para una plenitud que nunca podrá encontrar si se limita a buscarla en las cosas caducas. «El ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gen 1,26), no puede conformarse con sobrevivir o subsistir mediocremente, amoldándose al momento presente y dejándose satisfacer solamente por realidades materiales» [5]. Solo en Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado por nuestra salvación, encontramos la verdadera respuesta a todos nuestros anhelos más hondos. A la luz de la revelación descubrimos con asombro y agradecimiento que cada persona ha sido creada por amor y para amar.
En muchos países occidentales, entre ellos España, asistimos al hecho de un descenso de la natalidad, tan grande que este fenómeno ha sido denominado por muchos «invierno demográfico». Abordar un problema tan complejo que atañe al futuro de la sociedad y que arrastra una inercia de varias décadas debe conducirnos a reflexionar sobre el tema. Se impone un análisis de la situación que busque, en primer lugar, las posibles causas. El papa, en la bula de convocación del jubileo, señala que este descenso puede producirse «a causa de los ritmos frenéticos de la vida, de los temores ante el futuro, de la falta de garantías laborales y tutelas sociales adecuadas, de modelos sociales cuya agenda está dictada por la búsqueda de beneficios más que por el cuidado de las relaciones» [6]. Es triste descubrir que desde la aprobación de la ley del aborto en España desde 1985 hasta 2023 se practicaron más de 2,5 millones de abortos voluntarios. Solo en 2023 se registraron 103.097 abortos.
Ante esta realidad son una luz de esperanza el matrimonio cristiano y los hombres y mujeres que siguen creyendo en el amor esperanzado, que sobrepasa el deseo y la comodidad inmediata, donde los hijos son una esperanza para el futuro.
El amor conyugal entre un hombre y una mujer constituye la expresión plena de la vocación al amor según el plan de Dios, quien creó al ser humano a su imagen y semejanza para vivir en comunión y entregarse mutuamente. Este amor es verdadero y auténtico cuando está abierto al don de la vida, reconociendo en cada hijo una bendición divina y un signo concreto de esperanza para la humanidad. En este acto de generosidad y corresponsabilidad, el matrimonio refleja el designio creador de Dios, siendo testimonio vivo de su fidelidad y fecundidad.
En este sentido, pensamos que es crucial que la sociedad impulse políticas públicas que no solo protejan a las familias, sino que también favorezcan un entorno económico y social propicio para que los jóvenes puedan formar familias con estabilidad. Esto incluye asegurar empleos dignos y estables, un salario justo, una vivienda adecuada y ofrecer incentivos que disuadan de la emigración. Además, es fundamental promover una cultura que valore el amor conyugal como base para la vida y que fomente una corresponsabilidad entre todos los sectores, para que cada familia pueda contribuir al bienestar común y enfrentar la crisis demográfica.
Frente al poco aprecio de la maternidad que se da en muchos planteamientos empresariales e incluso culturales, es fundamental revalorizar esta maternidad, reconociéndola no solo como un acto biológico, sino como una verdadera vocación que debe ser apoyada y celebrada. Las políticas públicas deben centrarse en garantizar el bienestar de las madres, proporcionando el apoyo necesario para que puedan vivir su maternidad, sin sentirse solas ni sobrecargadas.
Nos unimos a la petición del papa de «una alianza social para la esperanza, que sea inclusiva y no ideológica, y que trabaje por un porvenir que se caracterice por la sonrisa de muchos niños y niñas que vendrán a llenar las tantas cunas vacías que ya hay en numerosas partes del mundo» [7].
Que santa María de la Encarnación, Madre de la Vida, ilumine nuestro caminar en este año jubilar y nos sostenga en la esperanza.
✠ José Mazuelos Pérez
Obispo de Canarias
Presidente de la Subcomisión Episcopal para
la Familia y la Defensa de la Vida
✠ Gerardo Melgar Viciosa
Obispo de Ciudad Real
✠ Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón
✠ Santos Montoya Torres
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño
✠ Antonio Prieto Lucena
Obispo de Alcalá de Henares
[1] Constitución pastoral Gaudium et spes, 4.
[2] FRANCISCO, Spes non confundit, 9.
[3] Constitución pastoral Gaudium et spes, 10.
[4] SAN AGUSTÍN DE HIPONA, Confesiones, I, 1
[5] FRANCISCO, Spes non confundit, 9.
[6] Ibid.
[7] Ibid.